12 DE OCTUBRE, DÍA ¿DE QUÉ?

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12 DE OCTUBRE ¡BASTA DE MENTIRAS!


Adrián Ferreyra, Julián Berg - 17 años - 2º año de economía y gestión del Polimodal, Colegio Nuestra Señora de la Misericordia - San Nicolás, Argentina.

Una sociedad económica, cultural, social y tecnológicamente avanzada fue exterminada por la cultura imperialista europea ya que tenían la firme pero errada convicción de que eran superiores. 90.000.000 de nativos americanos, verdaderos nativos americanos, fueron inhumanamente asesinados por no aceptar lo que los “civilizados y cristianos” llamaban sociedad.
El 12 de Octubre simboliza el genocidio más grande en la historia de la humanidad. No debemos ser tan miserables y celebrarlo como fiesta de conmemoración a la hermandad cultural, porque los invasores europeos no lo hicieron. La ciencia, el pueblo, los monarcas y la Iglesia Católica no consideraron a los americanos humanos y entonces los mataron a quemarropa. Pero a pesar de todo esto, las generaciones nuevas tenemos la obligación de no olvidar los hechos acontecidos a lo largo de la historia para, así y de una buena vez, fomentar en el corazón de cada americano la gloriosa idea de que no somos Europa. El futuro de Latinoamérica depende solo de nosotros y nuestro accionar.
Desde hace 500 años estamos creyendo que la cultura europea es sinónimo de progreso, cuando en realidad es sinónimo de imperialismo salvaje, colonización bañada en sangre por intereses económicos, capitalismo caníbal, y guerras, guerra de secesión, guerra de los cien años, guerras mundiales, etc.). Hoy nos encontramos sumergidos en la crisis económica y social más grande que ha sufrido nuestra región y todo por seguir un modelo cultural ajeno a nuestra realidad. Una cultura que prioriza las posesiones materiales y desprestigia los aspectos humanos de las personas.
Para solucionar esto deberíamos crear conciencia en todas las personas de que la educación es la herramienta básica para evitar la manipulación de la gente que nos quiere ignorantes para que seamos más fáciles de subordinar.
A nuestros niños deberíamos enseñarles que la verdad no está en algunos libros de historia, que los invasores europeos no llegaron a América sonriendo y trayendo mensajes de paz, amor y fraternidad. Ni siquiera que engañaron a los aborígenes intercambiando oro por cuentas y espejos, ¡NO!, el oro lo consiguieron con espadas y trabucos.
Con esto queremos decir: ¡basta de mentiras! Queremos una educación objetiva, correcta y con verdadero espíritu crítico. Debemos aprender a analizar los hechos y después juzgar. La educación con el amor a la vida como estandarte es lo único que nos va a sacar a flote de esta depresión social.


FUENTE: http://www.fmmeducacion.com.ar/Alumnos/12deoctubre.htm

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Cinco Siglos Igual - Leon Gieco - Victor Heredia

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Valga la provocación! y que me disculpen quienes suscriben el neoindigenismo radical andino centrista. Luego de darle una lectura a las propuestas indianistas de transformación del Estado, cuando resulta tan difícil establecer un diálogo intercultural constructivo y, cuando alguien me dice que las bases indígenas se resisten a comprender el alcance de los valores "occidentales" que sustentan la "visión de país" del cuestionado Estado neocolonial, me atrevo a fundamentar que la trilogía quechua de no robar, no mentir y no ser flojo, más allá de su carácter particular o andina, puede ser asumida como universal. Hace un tiempo, un respetable investigador y teórico del mundo andino, concluía con elocuencia que, en definitiva, la demanda de los sectores autoidentificados como indígenas y originarios, es revertir las relaciones desiguales, indignas, irrespetuosas y discriminatorias de las que son victimas seculares de la "herencia colonial". Sentí que era un buen comienzo para sentar las bases de un diálogo y búsqueda de soluciones complementarias fecundas, considerando que no puede negarse una historia de luchas reinvindicativas y avances registrados a mediados y fines del siglo XX. ¿Acaso la búsqueda de más igualdad, dignidad, respeto y oportunidades no son principios e imperativos categóricos del liberalismo social y el socialismo libertario e igualitario, legado histórico y civilizatorio de la humanidad, y, por ende, de alcance universal?

Valga la anécdota para retornar a la trilogía quechua, cuya inspiración resulta pertinente y oportuna cuando, esta semana, los constituyentes en Sucre alistan el discurso para inaugurar el debate sobre la visión del país y Estado que queremos.Comencemos con el principio de "no robar". No hay duda, lleva implícito el reconocimiento de la noción de propiedad sea esta individual o colectiva, o quizás, propiedad del Inca como suprema autoridad imperial de la sociedad quechua precolombina y estamentaria. Ama sua, presupone y obliga al reconocimiento de la propiedad, hoy universalmente inscrito en el ámbito de los derechos y los deberes a ser reconocidos por la nueva constitución. De violarse, será el Estado el que convenga en las sanciones a incluirse, según corresponda, en la normativa jurídica socialmente reconocida.El "ama llulla" como valor social colectivamente aceptado, no hace nada más que ratificar la urgente, insaciable e inagotable búsqueda humana de la verdad, de acceder y producir conocimiento, verificable en el plano de la realidad objetiva a la hora de administrar justicia y respetar el debido proceso, como también a partir del reconocimiento de la educación como un derecho o a garantizar el derecho de acceso a todo tipo de información. El "ama qhella", corona el valor que reconoce la inagotable capacidad creadora, transformadora y productiva del trabajo que dignifica y distingue a la humanidad. No hay sociedad que, cualesquiera sea su estadio de desarrollo, haya desdeñado el valor del trabajo. Y mucho menos, gracias a las luchas sociales de los siglos XIX y XX, haya soslayado la tarea de regular las relaciones sociales y económicas emergentes de este derecho, que además es la condición primordial para garantizar su reproducción, sostenibilidad y desarrollo en el tiempo. Dicho esto, a riesgo de pecar de simplista y, en un intento por construir los puentes en la compleja discusión y relación, entre lo particular y lo universal, confío en que más allá de los discursos etnocentristas forzados, sí es posible abrir un ancho y generoso espacio para sellar el diálogo y pacto intercultural pendiente.

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