1983 - 30 DE OCTUBRE – 2008

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25 AÑOS DE DEMOCRACIA
De Alfonsín a Cristina

El 30 de octubre de 1983 los argentinos volvieron a expresar su voluntad en las urnas después de siete años de dictadura genocida. Con más del 50% de los votos, el caudillo radical inició el período más largo sin gobiernos de facto de la historia del país

El 30 de octubre de 1983, hace exactamente 25 años, los argentinos pudieron volver a expresar su voluntad en las urnas, después de siete años de haber sufrido la más atroz, criminal y nefasta dictadura militar.

Las elecciones celebradas ese día de hace un cuarto de siglo atrás adquirieron una particular relevancia no sólo porque significaron el retorno a la democracia, sino también porque implicó la recuperación de la vigencia de la Constitución Nacional.

Unos 14 millones de argentinos acudieron a las urnas cuando se empezaban a conocer los crímenes de la dictadura, con una inflación del 433 por ciento anual y una deuda pública exterior de 45.000 millones de dólares, seis veces más que la existente cuando los militares tomaron el poder, en marzo de 1976.

"Para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino", repetía por aquellos días el líder radical Raúl Alfonsín, quien, con la Constitución como principal estandarte, fue elegido por casi 8 millones de argentinos para conducir esa crucial etapa.

En los comicios del 30 de octubre de 1983, el radicalismo, con el 51,74 por ciento de los votos, logró imponerse sobre el peronismo, que cosechó el 40,15 por ciento de las voluntades.

Así, con estas elecciones y con la recuperación del vapuleado sistema democrático, se cerraba una perversa etapa de la historia argentina abierta en 1930, en la que alternaron recurrentemente gobiernos elegidos por el pueblo y dictaduras militares.

FUENTE: http://www.elargentino.com

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Sensaciones tras 25 años de democracia
Por Félix Luna
Especial para lanacion.com


Venía yo de La Rioja con mi familia después de pasar unos días de descanso allí. Hicimos un alto en Córdoba en la casa de una parienta de mi mujer. Para cortar el viaje con algo grato les dije a todos los presentes que los invitaba a tomar un helado: de inmediato, una criadita de la casa donde estábamos- diez años a lo sumo-, salió como una flecha, abrió un bargueño, sacó algo y esperó a bajar con todos a la heladería.

Esto ocurría en el verano de 1978 y en un primer momento no advertí qué es lo que la chiquilina había sacado del mueble. Después me di cuenta: era su documento de identidad. Atención: la heladería en cuestión quedaba a media cuadra, estábamos en el centro de Córdoba y serían las cuatro de la tarde. Pero indudablemente la muchachita aquella tenía internalizada la obligación de llevar encima el documento, no más poner los pies en la calle aunque fuera por unos minutos.

Era uno de los tantos efectos de la dictadura entonces vigente. Hoy ni a aquella chinita ni a nadie se le ocurriría hoy llevar su DNI para bajar a la calle. Pero en aquella época era lo normal, por lo menos lo que se esperaba de la gente. Este estado de sospecha, de vigilancia permanente, había calado hondo en la sociedad, imponiendo una sumisión que, para los gobernantes de la época, era sinónimo de orden. Todos estaban bajo sospecha, todos sabían que estaban bajo sospecha y esta sensación no era la menor de las consecuencias de la dictadura.

Así se estaba modelando una sociedad sumisa y pusilánime, preparada para apoyar cualquier aventura promovida desde el poder. Después de 25 años de vivir en democracia -aunque, lo reconozco, llena de defectos- digo que prefiero esta sociedad de ahora, protestona, tumultuosa y ardua a aquella que obligaba a una chiquilina de diez años a andar con su documento como un salvoconducto dentro de una ciudad sitiada.

Esta fue la sensación que tuve cuando Raúl Alfonsín asumió la presidencia y restauró la democracia con ese sólo hecho.



25 AÑOS DE DEMOCRACIA

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