Trío Sánchez-Monges-Ayala

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En busca de... Trío Sánchez-Monges-Ayala, protagonistas

Aquel trío tan mentado...

Un grupo de músicos que además de lograr un sonido diferente en las décadas del 40 al 60, fueron individualmente singulares y aportaron a la historia de la música popular argentina un momento importante para tener siempre presente. De esa etapa conversamos con el arpista Amadeo Monges, hijo de uno de los integrantes.

LP - Tu recuerdo de la infancia con tu papá artista, la cultura guaraní que él traía y la historia de tu papá con la música.
A.M. - Mis recuerdos de la infancia... tenemos que aclarar que antes de la cultura guaraní, por mi casa, que es en la que estamos hablando ahora, pasó por la garganta de mi padre la cultura del tango. Porque cuando el empezó a cantar solito empezó con tango, creo que con el apellido Lavalle si mal no recuerdo. Después se largó con la música paraguaya, ya estaba casado con mamá que era paraguaya. El nació en Paraguay, pero llegó con dos años y se crió en La Boca, así que más porteño imposible. Fue cuando se empezó a relacionar con Féliz Pérez Cardozo. Compra su primera guitarrita. Igual que la que tenía Gardel, con los mismos dibujitos en la tapa. Y con esa guitarra empezó a cantar junto a Féliz Pérez Cardozo. Allí fue cuando empezó la trayectoria importante de mi padre como cantor. Mucho antes del trío Sánchez, Monges, Ayala, si bien ya eran amigos con Arturo Sánchez. Y ahí empezó a relacionarse la cosa conmigo. Venían bandoneonistas, después el arpa y las guitarras con otro tipo de música. Mientras tanto mi padre trabajaba en el comercio. Llegó a tener tres trabajos simultáneos. Lo recuerdo muy bien, era un hombre que prácticamente no dormía porque en aquella época era muy raro que la mujer saliese a trabajar. El creía que debía sostener la familia, la verdad que lo hizo muy bien, a costa de su salud, porque llegaba a dormir tres o cuatro horas. Hasta que una noche, mi madre y mi abuela nos llevaron con uno de mis hermanos, Fernando, a la confitería Mi Rincón de aquella época donde actuaban Martínez-Ledesma, tocaba el piano Carlos García, estaban los Hermanos Abalos y Pérez Cardozo con su conjunto. Bueno, a partir de esa noche de fines del 46 -yo tenía cuatro años- empezó mi locura por el arpa. Al día siguiente ya andaba con un palo de escoba al hombro y tocaba Pájaro Campana y mi hermano con otro palo rasgueaba los 60 granaderos. Que era el repertorio de Pérez Cardozo donde cantaba papá. Ahí comenzó toda esa etapa.

LP - Su condición de músico con el grupo de música paraguaya lo tuvo como guitarrista a tu papá.
A.M. - Mi padre jamás tocó el arpa. Sigue siendo una cosa rara porque primero hizo el futuro artista, después tuvo que ponerse a fabricar un arpa chiquita, en aquella época acá había un luthier paraguayo que era el que proveía los instrumentos a los artistas de aquella época. Un señor de apellido Ramírez. Pero nunca quiso hacer un instrumento chico. Entonces mi padre, como todo padre, hizo lo que tal vez yo no hubiera hecho por él. Fabricó -cómo hizo no sé- un arpa chiquita. El me enseñó a colocar los dedos en las cuerdas sin saber tocar el arpa. Cómo se arregló preguntále a él, yo no tengo la menor idea. Instrumento del que no tengo ni fotografías. Que estuvo expuesto durante mucho tiempo en las Galerías Pacífico en Buenos Aires, en las calles Córdoba y San Martín como una pieza de museo y una curiosidad. Y así me enseñó él a tocar el arpa, mientras tanto me obligaba, eso sí, a estudiar piano. Cosa que jamás me gustó tocar el piano, estudié ocho años y al día de hoy no sé poner un dedo en el teclado. Conozco el teclado sí pero no puedo tocar.

LP - Pero te sirvió para leer música.
A.M. - Claro, pero eso me sirvió para que estudiara parte teórica de la música, la lectura, el solfeo. Cosa que después tuve que hacer todo de nuevo años más tarde siendo más grande cuando empecé a grabar en Columbia. Donde ahí me topé con un señor que me preguntó si sabía música y me dijo "bueno, vas a tener que aprender". Le dije "me busco un profesor", yo tenía quince años ya, me dice: "no, no, no, tomá, Conde 2130" -creo que era planta baja B- "mañana a las nueve de la mañana ahí". Era la casa de él. Y voy a decir el nombre del gran maestro: José Carli. Nada más ni nada menos.

LP - ¿Cómo te fue con el arpa?
A.M. - Bueno me fue bien. Es feo que hable de mí mismo. Creo que fui un superdotado. Tocar bien ya lo había a los seis años. Puse los pies por primera vez en un escenario el 25 de abril de 1951 cuando no había alcanzado a cumplir los ocho. En Chascomús, un festival muy grande para recaudar fondos para la viuda de Pesoa, que era uno de los guitarristas de Edmundo Rivero. Esa fue la primera vez que yo toqué en público.

LP - ¿Con quién venías estudiando el arpa?
A.M. - No estudiaba con nadie. Mi padre me corregía en casa y yo iba descubriendo sonidos. A los nueve un día lo llamó a Félix Pérez Cardozo porque quería que me oyera y me enseñara. La respuesta de Félix fue la siguiente: "Mirá, yo a este mocoso no tengo nada que enseñarle porque ya toca muy bien. Lo que tiene que hacer es crecer, estudiar mucho y sobre todo que estudie música. Más adelante se va a ir metiendo en el ambiente y tiene que foguearse pero ya toca muy bien". Esas fueron las palabras de él. En el año 53 tuve la dicha de tener acá en casa a un maravilloso artista que creó un estilo distinto en el instrumento que era Digno García. Fue el que a mí prácticamente me marcó a fuego porque cambié radicalmente la manera de tocar, de trabajar con las manos en el encordado, descubrí cosas que no conocía. Por ejemplo son instrumentos diatónicos, más el que usamos nosotros, las únicas posibilidades que tiene son las que te da el encordado en la tonalidad en que esté afinado. Y siempre te van a faltar notas, bueno él me enseñó a hacer las notas que faltaban apoyando la uña del pulgar en la parte superior de la cuerda y todo eso. Y eso lo usé durante muchos años y me posibilitó hacer otro repertorio que no era solamente la polca, incluso cosas que estaban en tonalidades mayores y menores, aprovechar el instrumento de otra manera. Ese fue Digno García.

LP - Retomemos la historia de tu papá.
A.M. - Después de haber dejado el conjunto de Félix Pérez Cardozo empezó a cantar con Arturo Sánchez, ahí se juntó Ramón Ayala, hasta ese momento el guitarrista de Margarita Palacios. Ahí empezaron a esbozar lo que sería el Trío Sánchez, Monges, Ayala, cuya primera grabación la hicieron con un conjunto correntino. Son grabaciones hermosas hechas con orquesta, el chamamé llevado al nivel no te digo sinfónico pero orquestal y muy bien hecho.

LP - ¿Cuál es la característica del trío si tuvieras que definirlo de acuerdo a lo que vos escuchaste?
A.M - La característica del trío era tomar el repertorio que iban a hacer, estudiarlo, buscar la tonalidad en que iban a cantarlo, respetar de cabo a rabo lo que era musicalmente y literariamente el tema. Sobre todo eso. Después la armonización, la instrumentación, mi padre lo único que hacía era ritmo, no hacía una sola nota con la guitarra. De la otra parte se encargaban Sánchez y Ayala. Las voces y los arreglos eran de Arturo Sánchez, Ramón Ayala la primera, mi padre la segunda y la tercera grave era Sánchez. Pero los tres hacían solos y se unían en dúos diferentes.

LP - ¿Cómo armaban el repertorio?
A.M. - Fundamentalmente lo basaron en lo que se conocía como folklore. No era como ahora que se especializan en hacer chacareras, en hacer zambas, en hacer vidalas chayeras. Ellos no, hacían de todo. Incluían desde una cueca norteña, un valsesito, hasta un chamamé. Y voy a decir algo, todo lo hacían bien porque ninguno de ellos era músico, eran intuitivos y sin embargo hoy día escuchás las grabaciones de ellos y están muy bien, no hay nada que decir. No era ampuloso, vistoso, pero tenía lo justo, lo que precisaban para llegar y llegaba. Grabaron todo un larga duración con guaranias exclusivamente también.

LP - ¿En qué período estuvo el trío?
A.M. - Con Ramón Ayala estuvo desde 1947/48 hasta 1960 donde Ramón Ayala se va del trío para empezar su carera como solista, e interviene ocupando el lugar de él, Nelson Abel Tacunau, de Los Indios Tacunau que se formaron más tarde cuando se disolvió el trío.

LP - ¿Por que creés que el trío original marcó una época y estilo y la gente lo sigue recordando?
A.M. - Precisamente por lo que yo decía hace un rato, por la seriedad con que encararon el repertorio y la forma de hacerlo. Era distinto a todo lo que se veía en ese momento. Vos sabés que hablando musicalmente en un acorde el estado fundamental son tres notas, después hay de cuatro notas, pero con tres notas se puede armonizar muy bien, no es fácil, pero ellos de oreja lo consiguieron. La mínima expresión con el mejor resultado. Y como instrumentistas tanto Ayala como Sánchez fueron dos guitarristas de excepción.

LP - Hablando de una excepción vos tenés una grabación con dos guitarristas que tienen un mismo apellido: Ayala.
A.M. - Claro porque ahí estamos hablando de mis grabaciones de Odeon cuando empecé. En todas mis grabaciones estaba otro Ayala, Héctor Ayala, el maestro de la guitarra, desgraciadamente muy poco conocido en nuestro país, que era la mano derecha de otro monstruo de la guitarra que era Roberto Grela. El era el que ponía sobre todo lo que hacía Roberto Grela maravilloso, la otra parte, la armonía, las contestaciones, todo eso lo hacía Héctor Ayala. Amén de los otros guitarristas que eran todos monstruos sagrados del instrumento. Y en mis grabaciones han tocado juntos Ramón Ayala y Héctor Ayala, así que ¿no puedo quejarme por eso no?

LP - Como hijo de músico: ¿renegaste o tenés a tu padre como referente por su actividad artística?
A.M. - Lo segundo. Porque si bien mi padre hacía giras, y tenía que estar forzosamente dos meses fuera de casa, pero a diario llegaba una carta para su esposa y cada una para sus hijos. Y en la época de los tres trabajos, no permitía que su madre ni que mi madre en épocas de frío se levantaran, y nos llevaba él a la escuela. Yo musicalmente lo he respetado mucho, con el correr de los años, tanto papá como Arturo Sánchez me respetaban mucho porque yo había estudiado lo que ellos no habían estudiado y había un respeto mutuo. Y a mi padre llegué a manejarlo yo cuando se deshizo el trío al poco tiempo papá con un querido hermano Rodolfo Benítez y su hermano formó Las Voces del Plata. A ese trío las voces se las armaba yo basándome en lo que había aprendido de ellos y lo que yo había aprendido. Eso fue todo.


*Nota extraída de: www.laopinion-rafaela.com.ar


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Trío Sánchez-Monges-Ayala


01-India
02-Che picazú-mi

03-La siete de abril
04-Los troperos
05-Todos los domingos

06-Alma, corazón y vida

07-Anahí
08-Llegada

09-India

10-Se que te perdí


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