Día de la Soberanía Argentina

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Reseña del combate de
La Vuelta de Obligado
1845 - 20 de Noviembre - 2010

Juan Manuel de Rosas,
otro patriota defenestrado, tergiversado e ignorado
.

Montevideo, donde Rosas pretendía instalar un presidente adicto, la escuadra anglo-francesa, con el abierto apoyo de los portugueses, esperaba el momento preciso para entrar en acción. Las tortuosas negociaciones de los representantes de Buenos Aires con el gobierno inglés desembocaron en la trágica inacción de la flota nacional, que al mando del glorioso almirante Guillermo Brown, bloqueaba el puerto oriental. Fue así que sin disparar un cañonazo o entregar su vida antes que ser derrotado, el almirante tuvo que rendir su pabellón y entregar sus armamentos a la escuadra invasora.

Pocos meses después, y ya sin resistencia, marcharon ingleses y franceses, Paraná al norte, escoltando a más de cien navíos mercantes, dispuestos a hacer buenos negocios en los puertos de Corrientes y Paraguay, que respondían al ideario unitario y reconocían a Juan Lavalle y José María Paz como sus jefes naturales. Rosas se dispuso a la defensa, y suponiendo acertadamente que los invasores no atacarían por tierra a la ciudad de Buenos Aires, encomendó al general Lucio Norberto Mansilla, padre del militar y escritor Lucio V. Mansilla, el diseño de una estrategia de defensa que impidiera el paso por el río Paraná.

Pascual Echagüe, por entonces gobernador de Santa Fe, contribuiría decididamente a la defensa propuesta desde Buenos Aires. Urquiza, gobernador de Entre Ríos, se debatía en la indecisión de saber cuál era su mayor enemigo, si las fuerzas invasoras o el propio gobernador de Buenos Aires. Aún así, combatió del lado de la Confederación.

Mansilla eligió para enfrentar al enemigo un estratégico sitio donde el río realiza una pronunciada curva, en las cercanías de la ciudad de San Pedro, sobre los campos de Obligado, pertenecientes a la familia del conocido poeta Rafael Obligado.

Allí, en una angostura bordeada de amplias barrancas, que determinan in paso de no más de 700 metros de anchura, dispuso el general la instalación de cuatro baterías, dos situadas al borde de la barranca a casi 20 metros de altura sobre el agua y dos en una posición intermedia, todas rodeadas de un espeso bosque. Contaban en total con 22 piezas de artillería, atendidas por un grupo de artilleros navales provenientes de los escasos barcos que, salvados del sitio de Montevideo, fueron desarmados para la ocasión, y con más de 2.000 efectivos de infantería y caballería, entre ellos, el Regimiento de Patricios.

Sobre el río, y extendidas sobre 24 barcazas, se tendieron tres pesadas cadenas, aguas arriba de las cuales se situaron 10 embarcaciones incendiarias. En la costa oeste, el bergantín Republicano y otras dos embarcaciones -Restaurador y Lagos- participaban en la defensa. Esta inteligente y audaz fortificación, cuyos grupos de artillería habían recibido los nombres de Manuelita, General Mansilla, Almirante Brown y Restaurador Rosas, se encontraban bajo el mando de Eduardo Brown -hijo del Almirante-, Álvaro de Alzogaray y Juan B. Thorne, entre otros.

El 20 de noviembre de 1845 la flota anglo-francesa, bajo el mando del capitán Charles Hotham y el francés Trehouart, que contaban con 8 buques de vela y 3 de vapor armados con cien cañones navales y cientos de infantes de marina, pertrechados y entrenados para ir a combatir a Sud África, pero desviados a último momento hacia el Río de la Plata, se enfrentaron con las tropas patriotas.

Se combatió durante todo el día bajo un intenso fuego de artillería, y todo terminó cuando las baterías fueron diezmadas o se acabaron las municiones. Los invasores lograron romper el cerco, dejando sobre la orilla más de 600 bajas entre muertos y heridos, entre éstos Thorne y Mansilla.

La tentativa de lograr la libre navegación de los ríos interiores y comerciar con las provincias, sin pasar por Buenos Aires, recibió una rotunda respuesta beligerante que se tradujo en masivas escaramuzas, como las de Quebracho y San Lorenzo, que determinaron el fracaso de la aventura colonial.

No fueron las armas de aquellos bravíos hombres que lucharon en las orillas de los campos de Obligado, sino su espíritu sin claudicaciones, el que venció en este lugar, donde una cruz y un monolito recuerdan la desmemoria de esta gesta heroica, en aquel día en que el Paraná enrojecido soñó que era sangre y redimiría a sus hermanos costeros por su sacrificio.

Texto extraído del libro “Cancionero Popular Argentino”, editado por Centro Editor de Cultura Argentina, abril de 2000.


*Aporte de Ernesto Roqué.

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